El crimen de la calle de Fuencarral

El día 2 de julio de 1888,la policía, alertada por los vecinos, entró en el segundo izquierda del número 109 de la calle Fuencarral.  Allí encontraron el cuerpo de Luciana Porcina, quemada y con signos de apuñalamiento. Pero no estaba sola, en la vivienda se halló a otra persona, la criada, junto a un bulldog, los dos aparentemente drogados. No había señales de que se hubiera forzado la entrada ni había nada que indicara que el robo fuera el móvil del crimen. Todo parecía apuntar hacia la criada, pero pronto la prensa señalaría otra dirección...  



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Detalles del libro

Páginas: 128
Fecha de publicación: 2002
ISBN: 978-84-96080-01-0

Sinopsis

El día 2 de julio de 1888,la policía, alertada por los vecinos, entró en el segundo izquierda del número 109 de la calle Fuencarral.  Allí encontraron el cuerpo de Luciana Porcina, quemada y con signos de apuñalamiento. Pero no estaba sola, en la vivienda se halló a otra persona, la criada, junto a un bulldog, los dos aparentemente drogados. No había señales de que se hubiera forzado la entrada ni había nada que indicara que el robo fuera el móvil del crimen. Todo parecía apuntar hacia la criada, pero pronto la prensa señalaría otra dirección.

Estos relatos fueron extraídos de las cartas en las que Galdós contó a los lectores argentinos del diario La Prensa dos sonados asesinatos de la época. Estas cartas hubieran permanecido en el limbo de las hemerotecas de no ser por Alberto Ghiraldo, que en 1928 dio a la imprenta unas Obras inéditas de Galdós en varios tomos, cuyos volúmenes VI y VII llevaban el título de Cronicón. Ghiraldo realizó una labor notable: del conjunto de las cartas entresaca aquellas (o aquellos párrafos, en su caso) que se refieren a un mismo asunto y compone así varias unidades narrativas independientes.

«Hoy en día, cuando la literatura criminal parece haber descrito un círculo (probablemente vicioso), resulta refrescante esta miniatura galdosiana en la que Higinia mata por catorce mil duros, con un cuchillo de cocina y ayudada por su "compinche". En estos tiempos de asesinos psicópatas, a lo Hannibal Lecter, que matan por las más enrevesadas razones psicológicas; o bien ahijados de Fu Manchú, que conspiran en la sombra y utilizan, pongamos, aceleradores de partículas ionizadas o cepas de virus experimentales inyectadas con jeringuilla, resulta bastante saludable reencontrarse con criminales que no oyen voces interiores ni pretenden el control absoluto del planeta [...]: vecinos de enfrente, seres humanos como la Higinia de Galdós, que había vivido "maritalmente con un lisiado", mataba por codicia rudimentaria y era "un monstruo de astucia y marrullería". Es Dashiell Hammett en versión Chamberí» (del prólogo de Rafael Reig).