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Últimamente los autores de Lengua de Trapo no paran de recibir premios, elogios y nominaciones.

Esta vez el turno le ha llegado al noruego Kjell Askildsen, que ha recibido el Premio Nórdico 2009 por el conjunto de su obra. Este galardón, de carácter anual, fue instituido en 1986 para celebrar el 200 aniversario de la Academia sueca, y con él se reconoce a aquellos escritores escandinavos que hayan contribuido de manera excepcional a la literatura sueca y a su idioma.

Para más información respecto al premio, pinchad aquí

 

Desde ahora te acompañare a casa

Kjell Askildsen es uno de los grandes maestros actuales del relato corto. Su primer libro Desde ahora te acompañaré a casa (1953) fue aclamado por la crítica, y al tiempo prohibido por «inmoral» en la biblioteca pública de su ciudad natal. Además de Los perros de Tesalónica (Lengua de Trapo 2006), sus libros más conocidos son Un vasto y desierto paisaje (Lengua de Trapo 2002, Premio de la Crítica en Noruega, 1983) y Últimas notas de Thomas F. para la humanidad (Lengua de Trapo 2003, de nuevo Premio de la Crítica en Noruega).

 

 

 

 

 

Toco esta mano al fin que comparte mi vida y en ella me confirmo
y tiento cuanto amo, lo levanto hacia el cielo
y aunque sea ceniza lo proclamo: ceniza

Queridos amigos: Para el poeta José Ángel Valente era ceniza, y para el novelista Manuel García Rubio es Sal, pero sean la una o la otra, ambas sustancias o materias o compuestos, o simples metáforas para abrigar el desasosiego, son claves que en este caso no sólo para explicar el territorio de la desolación o la derrota, sino también aquella mínima porción de ilusión que, incluso desde el fondo del abismo, uno puede proclamar a los cuatro vientos, como en esos versos de Valente en que el poeta nos dice aunque sea ceniza, lo proclamo, ceniza... para concluir así un estremecedor poema que lleva sin embargo como título A modo de esperanza.  

Y me vas a permitir, Manolo, haber comenzado esta palabras una vez más, y sé que no tengo remedio, con versos, pero releyendo hace días este poema de Valente me he acordado irremediablemente de Urbano, tu Urbano, ese individuo a la intemperie que nos presentas en estas páginas para alegría y solaz de tus lectores, pero para sumirnos también en la desazón  de esos climas humanos que atraviesan los mapas del tiempo –del tiempo que nos ha tocado vivir- partiendo del frío, pero haciendo de la búsqueda de la felicidad su único refugio, su modo de esperanza, su fiebre más allá de la fiebre, su curación más acá de la enfermedad más oscura e irreversible de todas :el hielo.

En un principio fueron la sal y el agua...,  afirma esta novela, pero yo he de confesarte que trastoqué la frase desde el primer momento y leí que en un principio fueron la sal... y la nieve, que al fin y al cabo es agua también, aunque helada, y suele ser la temperatura ambiente en esos momentos en los que un ser humano hace crisis por todas partes, menos por una, la de saberse solo. Solo en mitad de la acera, solo en mitad de los días, solo en mitad de los demás, solo incluso en mitad de uno mismo y esa muchedumbre de sentimientos, dudas, miedos, ambiciones y esperanzas que uno tiene. La Realidad y el Deseo, en definitiva..., ya lo dijo Cernuda. Porque es en ese incesante camino de ida y vuelta entre ambos, donde a la postre transcurre todo, hasta lo inverosímil.

Y lo inverosímil esta vez fue que el día que recibí tu novela, nevaba copiosa, incansable, atropelladamente sobre Madrid. Una nevada que paralizó la ciudad, colapsó las autovías, desvencijó el aeropuerto y permitió incluso a los torpes y eternos quitanieves de la política española echarse las culpas unos a otros, bueno, amigos, pues ese mismo día en el que los niños nos asistieron a más clase que a la prodigiosa lección de la belleza, y los ancianos sonreían para sus adentros al ver como las edades se hermanaban por fin, obligadas todas ellas a utilizar con sumo cuidado los pasamanos más inauditos ; ese día, en definitiva, en que los coches titubeaban, los peatones tiritaban y los carteros resbalaban por las aceras con sus matasellos calzados con patines de hielo, fue el día que recibí SAL, el nuevo libro de Manuel García Rubio.

Y has de saber, Manolo, que tu novela es mágica, o está tocada por la mano de algún dios o munícipe celestial, porque fue a partir de ese momento cuando, como en las mejores novelas, empezó a suceder algo real como la vida misma, pero insólito como las mejores narraciones, porque la nieve cesó de cuajo y los grandes quitanieves de la política nacional y local, llegaron de pronto al disparatado consenso de llenar las calles de SAL. Sal, sal y más sal. Sal para acallar la críticas, sal para embarrar a los peatones, sal para dar y tomar. Paladas, carretadas, camiones, toneladas de sal y más sal durante diez días seguidos, sin que la nieve hiciera ya aparición alguna más que en las asustadas isobaras de algunos meteorólogos, Una sal que me escoltó en todo momento durante los días que tu novela me acompañó a todas partes pisando charcos de sal, pensando charcos de sal..., también, porque esta novela sal... pica irremediablemente y sin querer, sin apariencia de querer, quiero decir, como quien no quiere la cosa...

Sal y nieve, nieve y sal en un toma y daca permanente. En un juego de abalorios, o de espejos, o de cartas, o de pesas, o de contrarios, o de personas que están irreparablemente partidas, o escindidas en dos mitades, lo que son y lo que quieren ser, o lo que son y lo que creen que quieren ser, que es aún un dilema mucho más incurable. En fin, amigos, días de nieve y sal, de sal y nieve, esas dos materias, sustancias, compuestos o metáforas que se buscan y se rechazan al mismo tiempo, pues como dice un capítulo de esta ambiciosa e indesmallable novela de Manolo García Rubio, los humanos estamos compuestos, o somos tan sólo nieve y sal, y lo somos además desde siempre, sin remisión, y atengámonos por tanto a las consecuencias pues estamos condenados al encuentro y desencuentro permanente, porque la sal y la nieve se aman y se repelen, se necesitan mutuamente para ser lo que son, pero se estorban en sus proyectos esenciales, porque la sal absorbe la humedad y se disuelve en ella, pero el agua o la nieve salada se evapora y da lugar a grandes depósitos de cristales...

Y los cristales, eso lo digo yo, no esta novela, se rompen o los rompe uno mismo tarde o temprano, se hacen añicos, cortan, dañan, reflejan, transparentan y, repito, acaban tarde o temprano, como los seres humanos, quebrándose por donde más nos duele que, como ya dijo el poeta, suele ser aquello que más queremos.

Esta novela afronta, en resumidas cuentas, con humor y ternura extremas, algo de lo que hablan los periódicos todos los días, pero algo de lo que sin embargo no habla casi nadie. Porque esta novela habla de los activos tóxicos, sí, pero no de los grandes bancos, sino de los activos tóxicos de la personas, de cada uno de nosotros, Y ese si que es un tema de actualidad que no se arregla inyectando ayudas estatales, pero sí textos como este, nacido para dar cobijo literario, cobijo al fin y al cabo, cobijo, albergue, casa, silla, armario, cama, abrazo, grifo, caricia, corazón o simple latido a seres como Urbano, o como la señora Gladstone, o Sabrina, o Selmo, seres o personajes que viven a nuestro alrededor y conocemos todos, porque todos estamos ya a estas alturas licenciados en esa ingeniería doméstica que consiste en intentar  alcanzar paraísos desde nuestros demonios interiores. Ese desasosiego de ser o de querer ser, sin nunca tener centro. O por decirlo de otra manera, siguiendo la estructura cinematográfica de esta novela, licenciados en intentar un día tras otro que  algún exterior día sustituya de cuando en cuando vez a tantas y tantas secuencias transcurridas o empeñadas en transcurrir en interior noche.

 Una novela, en definitiva, que camina desde el vértigo particular de cada uno de sus personajes hacia el ideal de belleza que cada uno también sostiene en su fuero más íntimo. Seres que buscan y repelen la sal al mismo tiempo, porque están hechos de nieve, esa nieve que siempre fue una de las más perfectas  simbiosis creadas por la naturaleza y por el ser humano para aunar en una misma palabra la hermosura y el frío, como ya nos advirtió sin contemplación ni lirismo alguno nuestro hermano mayor Rilke cuando afirmaba que le belleza es tan sólo ese grado de lo terrible que aún somos capaces de soportar...

        
                                                           Fernando Beltrán

 

Desde aquí, Lengua de Trapo quiere agradecer a Fernando Beltrán su magnífica aportación a la novela de Manuel García Rubio, así como a la Delegación del Principado de Asturias en Madrid, que de la mano de Miguel Munarriz, nos acogió con gran hospitalidad y nos hizo sentir como en casa.

También nos encantó contar con la presencia de Diego Carcedo, Ignacio del Valle, Rafael Reig, José María Goicoechea, Esteban Sánchez-Ocaña y Eva Orúe, entre otros.

Muchas gracias a todos.

 

 

Queridos amigos,

Por si alguno anda despistado: Sal, la novela de Manuel García Rubio que ha seducido a los editores que seleccionan a los finalistas del Premio Lara, tiene, además de una excelente factura, una profunda carga reflexiva, fruto de las inquietudes y lecturas de Manuel. Por eso, para hacernos copartícipes de las raíces intelectuales que sostienen la novela, el autor nos tiene en su blog (manuelgarciarubio.blogspot.com) unas apostillas que enriquecen la lectura de Sal: y por el mismo precio, señores.

 

 

ÓSCAR CALAVIA, AUTOR DE LAS BOTELLAS DEL SEÑOR KLEIN, GANADOR DEL XXXI PREMIO TIGRE JUAN DE OVIEDO 2008

Las botellas del señor Klein

Estimados amigos,

Felices estamos a más no poder porque Las botellas del Señor Klein (Nueva Biblioteca, 138) , novela escrita por Óscar Calavia acaba de recibir el XXXI Premio Tigre Juan de Oviedo a la mejor obra publicada.

Felices por Óscar, que con esto además se ha llevado un buen pellizco, y felices por nosotros que estamos en racha.

Ya hemos ganado este premio cuatro veces. Lo que significa que, según el Tigre Juan, en cuatro ocasiones el mejor debut literario ha sido publicado por esta casa.

El jurado del premio está compuesto por el concejal de Cultura, José Suárez Arias Cachero, el crítico Fernando Araújo, el jefe de redacción de El Nuevo Herald Miami, Benigno Dou, el escritor Pablo Sergio González, la Jefa de Redacción de El Cultural Nuria Azancot, el periodista del ABC Juan Ignacio García Garzón, el escritor y crítico en el Babelia, José María Guelbenzu, el periodista de La nueva España Tino Pertierra, la catedrática de la Universidad de Oviedo Josefina Martínez y el colaborador de La nueva España José Ignacio Gracia Noriega.

Este tipo de libros ganan lectores para la editorial, tratándose de una literatura muy imaginitiva, muy nueva.

como siempre, si queréis opinar leedla y lo celebraréis con nosotros

Oscar Calavia Sáez nació en Logroño en 1959, y vive desde 1986 en Brasil, en la isla de Santa Catarina, después de pasar algunos años en São Paulo y la Amazonía. Es profesor de Antropología, y ha escrito un buen número de libros y ensayos sobre temas de su especialidad, siendo sus colaboraciones en Revista de Occidente las más accesibles al público de lengua española. Las botellas del señor Klein es la primera obra de ficción que publica.

Óscar Calavia

Múltiples historias y un solo señor Klein. Un apasionante cubo de Rubik literario

Un sicario oriental de Lavapiés es acusado de prostituir a siete mujeres minúsculas. Siete matones persiguen a una bella esposa para que salde la deuda de su marido. Un hombre es secuestrado y obligado a presenciar cómo tatúan el cuerpo entero de una mujer. Una mujer entra en un hotel y pregunta por el señor Klein, pero ¿quién es el señor Klein? El señor Klein, personaje múltiple de esta novela, se desliza por ella como una presencia mágica, inaprensible, desconocido de tan conocido: un pornógrafo revolucionario, un exquisito cristalero, un antropólogo disparatado, el narrador de esta historia o incluso su propio lector. Todos y ninguno es el señor Klein. Óscar Calavia crea una ficción única, una historia subterránea que recorre la vida de sus personajes dejando al lector con la fascinante tarea de colocar la última pieza de este extraordinario rompecabezas narrativo con apariencia de cubo de Rubik literario.

LA CRÍTICA DICE:

«Klein -¿y Calavia?- es un personaje de personajes: Lo vemos, lo leemos, lo reconacemos, como un pornógrafo revolucionario, un exquisito cristalero, un antropólogo disparatado, el narrador de este texto, el lector, cualquier lector, de esta escritura. Todos náufragos en islas desiertas. Retengan esta idea. Calavia dice -¿y Klein?- que no preguntemos por el Señor Klein, pues se ha convertido en una de las pocas expresiones posibles del deseo imposible en la era post-moderna […] Yo me pregunto y te pregunto - Klein, Calavia, escritor, lector - por tu escritura y te digo: […] Como el escritor comprometido que tú también eres a tu manera, evitas la predeterminación de la novela tradicional. Tienes la libertad, la real y la intelectual, como eje central de tu narración».(J.M.Bernáldez, MERCURIO).

«A esto se le llama empezar fuerte: Oscar Calavia pone el pabellón altísimo confeccionando una opera prima compuesta de retales, piezas de rompecabezas con vida propia que versan sobre los más variados aspectos de las relaciones humanas: el amor y el matrimonio, los celos, la posesión y el abandono, el deseo ardiente y el miedo a satisfacerlo. Por sus páginas desfilan personajes imposibles que están al servicio de estas disertaciones […] Absolutamente recomendable sobre todo para quienes aún buscan una novela que sorprenda, original y distinta» (Carolina Prada, NOTODO).

«Es agradable la sensación de libertad de Las botellas del señor Klein: uno no tiene claro si entre las manos lleva cuentos o una novela, si un puzzle o un espejo roto. Concebido como un juego, menos 'rayuelesco' de lo que el índice propone, será el libre albedrío de las múltiples historias lo que guiará al lector hasta su disfrute» (Paul Viejo, Público).

«Su novela es diferente, desconcertante, algo que parece un leit motiv en su obra literaria» (Diego Marín A., Diario de La Rioja).

 

ACTA DEL FALLO DEL
PREMIO  DE ENSAYO CAJA MADRID 2009

Reunido en Madrid, a 21 de enero de 2009, el jurado compuesto por D. Joaquin Estefanía, D. Víctor Pérez Díaz y D. Fernando Savater.

Y a efectos de fallar el PREMIO DE ENSAYO CAJA MADRID 2009, conforme a las bases de la convocatoria  realizada por Obra Social Caja Madrid, el jurado acuerda:

 

 

1º.- Otorgar EL PRIMER PREMIO, dotado con 15.000 euros y edición del trabajo a:

PLICA NÚMERO:2034

TÍTULO OBRA: La Construcción de un mito: El Peter Pan de J. M. Barrie

LEMA: Morir será una aventura sensacional

CORRESPONDE A: SILVIA HERREROS DE TEJADA LARRINAGA

EDAD:  32 AÑOS

 

 

 

 

 

2º.- Otorgar el ACCÉSIT, dotado con 6.000 euros:

PLICA NÚMERO       : 2015

TÍTULO DE LA OBRA: La Cámara y el Cálamo. Ansiedades cinematográficas en la narrativa hispánica de vanguardia.

LEMA                    : El Bachiller   

CORRESPONDE A     : GUSTAVO NANCLARES GÓMEZ

EDAD                    : 31 años

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ACTA DEL FALLO DEL
PREMIO  DE NARRATIVA CAJA MADRID 2009

Reunido en Madrid, a 21 de enero de 2009, el jurado compuesto por Dª. Soledad Puértolas, D. Luis Landero y D. Ray Loriga.

Y a efectos de fallar el PREMIO DE NARRATIVA CAJA MADRID 2009, conforme a las bases de la convocatoria  realizada por Obra Social Caja Madrid, el jurado acuerda:

 

 

 

1º.- Otorgar EL PRIMER PREMIO, dotado con 15.000 euros y edición del trabajo a:

 

PLICA NÚMERO     : 8

TÍTULO  OBRA      : Los borrachos de mi vida

LEMA                  : María Smith

CORRESPONDE A   : NURIA LABARI GÓMEZ

EDAD                  : 29 años

 

 

 

 

 

2º.- Otorgar el ACCÉSIT, dotado con 6.000 euros:

 

PLICA NÚMERO          
TÍTULO DE LA OBRA       DESIERTO
LEMA                                 
CORRESPONDE A        
EDAD                    

 

 

 

 

 

 

¡Hay que leer, muchachos!

¡Pero, no lo veníamos diciendo!

No paramos de recomendarlo a troche y moche, convencidos de que Sal está entre las mejores novelas del año; una gran noticia, que surge de fuera de esta casa, viene a confirmárnoslo, Sal ha sido seleccionada entre las cinco mejores novelas del año, según el jurado de la Fundación José Manuel Lara Hernández.

Las sospechas se confirman: es una de las mejores, y posiblemente la mejor. Lo sabremos el día 17 de marzo cuando se falle el premio.

Quien quiera opinar, que la lea

¡Enhorabuena, Manolo! ¡Te lo mereces!

Manuel García Rubio

UNA NOVELA FUNDAMENTAL

Urbano Expósito, guionista inédito, quisiera estar seguro de querer lo que quiere. Tino, en cambio, tiene claro que quiere lo que quiere. Selmo, en fin, quiere que lo quieran. Vidas diferentes, cada una apunta un recorrido propio, que Urbano, ahora aprendiz de novelista, pretende contar, aunque con un estilo ingenuo y torpe, plagado de recursos cinéfilos. Para entonces, sin embargo, habrá irrumpido en la historia la señora Gladstone, y la narración se encauza, se transforma, se convierte en algo nuevo, inesperado y, a la postre, misterioso; pero también terrible. Sal no deja de sorprender desde la primera línea y hasta el final, donde se encuentra la luz que lo ilumina todo. Bastará leer un par de páginas al azar para advertir una prosa rica y distinta, pero en esta novela hay muchas cosas más: personajes de carne y hueso, historias formidables, reflexión y metaliteratura, y, sobre todo, una mirada tierna y desconsolada sobre el ser humano en estos tiempos que algún filósofo calificó de líquidos

 

 

 

2ª Apostilla a Sal

Yo soy yo, probablemente

Acabo de recibir el comentario de una lectora de Sal, quien me agradece los buenos momentos que el texto le ha procurado. Según me cuenta, las peripecias no tan increíbles de sus protagonistas le han hecho disfrutar “como nunca”, aunque también ha sufrido un poco con el final. Una y otra cosa son compatibles. Ocurre que, el sufrimiento, en términos literarios, resulta agradable, por qué no. En este sentido, me viene bien recordar que, en opinión de Antonio Gamoneda, que yo comparto, la poesía se escribe desde la conciencia de la muerte, pero con una forma que, en cuanto poética, produce placer. Algo parecido pasa con la narrativa. Pero, lucubraciones al margen, si fuera así, si las mil historias que hay en Sal (en realidad, una sola con mil antecedentes) sirven para entretener, me alegro. Para mí, la buena novela ha de basarse en la sustancia narrativa, sin perjuicio de otros valores que, cuando abundan en aquélla sin sustituirla, la mejoran sin duda alguna.
Otros que leyeron el texto en galeradas coinciden en señalar que Sal es un tipo de novela infrecuente, muy elaborada en cuanto a su entramado argumental y novedosa en la forma de narrarla. Por otra parte, han apreciado la utilización de un lenguaje rico pero, al mismo tiempo, cargado de frescura, así como la desinhibida construcción de los personajes principales, nunca héroes ni villanos, sino criaturas contradictorias y, en algún caso, tiernas, aunque casi siempre desnortadas. Desde luego, nadie me ha acusado de resultar políticamente correcto. Los personajes no se salvan ni se condenan por el solo hecho de ser ricos o pobres, varones o mujeres, españoles o extranjeros, de derechas o de izquierdas. Me consta, además, que un par de capítulos han levantado alguna ampolla. La intención no era esa, por supuesto: estoy en contra de toda provocación gratuita, que no busque respuestas sinceras a preguntas sin resolver. Pero, honradamente, creo que una novela con la ambición de Sal no puede dejar de explorar algunos límites que la cultura actual, aburguesada y homogeneizadora, evita con cuidado, aunque sin dejar de mirar hacia ellos por el rabillo del ojo. En este mismo sentido, uno de los lectores ha querido destacar lo oportuna que resulta Sal en estos tiempos de debate en torno a ese concepto un tanto confuso de memoria histórica. Coincide, además, que, a raíz de unos comentarios del juez Baltasar Garzón, últimamente han salido a relucir numerosos casos de hijos de republicanos que fueron arrebatados de sus familias y entregados a la tutela de gente del bando vencedor. Sal es la primera novela española, que yo sepa, que toca este asunto, pero tampoco ha sido ésta una pretensión propia o específica del texto. Cualquiera que conozca medianamente bien mi narrativa sabe de la importancia que he concedido siempre a la historia de las últimas décadas de España como telón de fondo estructurante de todos los argumentos por mí tratados. Volveré aquí en otra apostilla, que espero escribir muy pronto.
Una apreciación recurrente de los lectores de Sal es la que subraya el efecto un tanto hipnótico que la novela produce en su desenlace. Sal arranca con un planteamiento múltiple que parece bifurcar todas las tramas. Más adelante damos con indicios de que nada es tan caótico como creíamos, y sólo en el clímax de la novela se nos exhiben datos, hasta ese momento desconocidos para todos, incluso para el narrador, que cosen el conjunto y lo explican, no sin sorpresa. Una interpretación precipitada de los hechos otorgaría a la casualidad buena parte de lo ocurrido, pero, cuando aquéllos se analizan con sosiego y ponderación, advertimos que nada ha sido debido al puro azar. Es cierto que tampoco el final resulta inevitable, consecuencia fatal de una lógica causa – efecto, pero en ningún caso el autor se ha entregado a la arbitrariedad o al capricho, mucho menos ha estado jugando con la ingenuidad de quien lee. Al contrario, si el bueno de Urbano Expósito, el protagonista de la novela, se queja frecuentemente de esa clase de recursos narrativos, tan habitual en cierto cine americano, que consiste en sacar conejos de la chistera cuando las costuras del guión están a punto de reventar, lo hace para que el lector de Sal permanezca prevenido. De hecho, hay en esta novela un emplazamiento a la inteligencia de aquél con el fin de que repare en ciertos aspectos de la narración que quizá se le hayan pasado inadvertidos, pero que, conocido el desenlace, adquieren un valor sorprendente. Si lo hace de esta forma; si, como Pulgarcito, el lector es capaz de encontrar las piedrecitas dejadas en el camino y regresar al origen de la historia a través del bosque, entenderá cabalmente lo ocurrido y, de paso, descubrirá uno de los temas que Sal propone, a mi juicio central en la actual coyuntura del individuo moderno o, mejor, del individuo líquido, que diría Zygmunt Bauman: el de la dudosa posibilidad de construir nuestro auténtico yo, muy a pesar de la propaganda en contrario con la que nos bombardean constantemente.
Para explicar que, incluso en este Occidente opulento, tierra de las mil oportunidades, los individuos aún estamos muy lejos de poder construir una biografía propia en libertad, no se me ocurre nada mejor que contar una anécdota personal, aparentemente sencilla pero, creo, muy ilustrativa. Hace unos años, próximo a comenzar el verano, me encontré en la calle con un conocido al que aprecio y respeto y con el que mantengo una antigua y buena relación. Pronto nos pusimos al día de nuestras cosas y supimos que ambos teníamos organizado un viaje inmediato, vacacional, a París. Renunciamos a la posibilidad de un encuentro, pues mi amigo y su familia llegarían a la capital francesa un viernes por la tarde, en tanto que mi mujer y yo la abandonaríamos el sábado siguiente, muy temprano. Así pues, apenas coincidiríamos unas pocas horas en la ciudad de la Luz, que serían de acomodo para ellos y de preparación del regreso para nosotros. Quedamos, por tanto, en que a la vuelta nos reuniríamos para contarnos nuestras experiencias. Ocurrió, sin embargo, que al anochecer de aquel viernes, después de hacer las maletas, mi mujer y yo decidimos salir del hotel para despedirnos de la maravillosa urbe que nos acogía. Yo recordé que, unos días atrás, habíamos pasado por delante de una pizzería del barrio Latino cuyo aspecto nos había llamado favorablemente la atención. Como nos gusta mucho la comida italiana y el restaurante se encontraba bastante cerca del hotel, fuimos hasta allí dando un paseo. En el vestíbulo del local nos recibió una señorita muy amable que, tras conocer nuestra intención de cenar, nos invitó a seguirla. En efecto, nos llevó hacia una mesa próxima a la que ocupaban mi amigo y su familia, recién llegados de España.
¿Casualidad, azar? Sucesos como estos se han dado en mi vida en muchas ocasiones. En un cámping de Marrakech me encontré con un compañero de trabajo de una amiga, a la que le enviamos una postal firmada por los dos para epatarla. En Viena dimos con un colega de mi mujer; en otra pizzería de Venecia coincidí con un arquitecto con el que, años atrás, mantuve relaciones profesionales, y, ante el Florián, me topé con Javier Lasheras, escritor, amigo y, por entonces, presidente de la Asociación de Escritores de Asturias, a quien le vine muy bien porque necesitaba llamar a Rafael Reig para comunicarle que acababa de ser galardonado con el Premio de la Crítica de Asturias de Novela y no tenía su teléfono: yo le facilité el contacto. Hasta en Helsinki, no hace mucho, fui a tropezar con la hija de un buen amigo mío, que, aunque vive en París, se encontraba en la capital nórdica por razones de trabajo.
Lo más curioso de todo es que, cuando relato estas anécdotas, suelo advertir que no sólo me ocurren a mí. Hace muchos años, mi amigo Fernando Beltrán, el magnífico autor de La semana fantástica, se disponía a cruzar la calle cuando, a su lado, una mujer que iba acompañada de su hija tuvo un desvanecimiento. La socorrió y acompañó a un hospital. Aunque en ese momento él no la conocía, supo que se trataba de otra espléndida poeta y novelista, Dulce Chacón. Por cierto, Dulce Chacón me relató que, muchos años después de haber perdido la pista a su exmarido, a pesar de que ambos vivieron siempre en la misma ciudad, se tropezó con él al intentar acceder al ascensor del hotel de Miami en el que se alojaba.
Podría seguir con este anecdotario hasta el agotamiento. La conclusión es que este tipo de encuentros casuales en lugares exóticos y lejanos es mucho más frecuente de lo que parecería razonable. Es más, lo razonable es que no se produjeran nunca. La probabilidad de que dos personas de una misma ciudad española de provincias coincidan en una pizzería del barrio Latino de París un viernes cualquiera por la tarde es matemáticamente nula. En consecuencia, si hechos como este se produjeran muy de cuando en cuando, tal vez fuera legítimo hablar de curiosa casualidad. Pero un fenómeno tan reiterado ¿a qué puede ser debido? La única explicación que se me ocurre es la siguiente: el número de opciones que dos personas como mi amigo y como yo cuentan para decidir el momento y el lugar de sus vacaciones no es tan elevado como parece; en cuanto al tipo y la ubicación exacta del restaurante escogido para cenar, seguramente están condicionados por nuestro perfil social, económico y cultural. La conclusión es que mi amigo y yo tenemos nuestra propia personalidad, sin duda alguna, pero que esa personalidad se encuentra bastante estandarizada, modulada por condiciones muy densas y fuertes que la ideología dominante no nos deja apreciar en su auténtica dimensión. Así pues, existe una realidad aún innominada, que tiene que ver con la calidad de nuestras decisiones, que nunca son enteramente libres, aunque, en la sociedad del bienestar al menos, tampoco tienen por qué estar determinadas de forma inexorable. (Otra cosa es, por ejemplo, la vida corta y cabrona de tantos niños del Tercer Mundo, a los que el dedo ¿divino? les ha señalado como carne de cañón; por cierto, debajo de este argumento se encuentra uno de los capítulos más duros de Sal; me costó mucho escribirlo, pero era necesario). A falta de un nombre para definir esa realidad, digamos que nuestra voluntad no es libre, sino probable. En consecuencia, el yo que queremos ser es el yo que probablemente nos dejen construir.
En Las fronteras invisibles parto de esta idea para contar una serie de historias de una simetría atroz. El narrador de la novela recuerda que Gonzalo Colmenar, el profesor particular de su hermano, le había hablado en una ocasión de las balizas que marcan nuestras vidas para orientarlas, para facilitarlas, para hacerlas menos costosas en la medida en que trazan unos caminos que no requieren ser inventados, construidos o descubiertos, sino simplemente transitados:
De pronto descubrí que aquellas balizas de las que me hablara don Gonzalo son, además de marcas que orientan nuestra existencia, fronteras invisibles que la encapsulan. Por culpa de ellas, transitamos los unos junto a los otros, pero sin rozarnos, apenas conmovidos por un ligero hálito que, de cuando en cuando, nos recuerda que no estamos solos; que alguien, a nuestro lado, ha emprendido una ruta paralela, en el fondo muy parecida a nuestro hermoso, intrépido, único viaje.”
Para mí, la posibilidad de construir nuestro yo es una entelequia cuya manipulación está dando mucho juego a los poderosos. En efecto, dado lo sugestivo de ese proyecto vital, el poder no lo rehuye, sino que, antes al contrario, lo hace suyo y se aprovecha de él, utilizando para ello el argumento según el cual la libertad consiste, en realidad, en libertad de elección. Desde este señuelo, elabora un catálogo más o menos amplio, según los casos, de biografías listas para ser elegidas y consumidas; biografías, claro está, predecibles, controlables, probables. En definitiva, normalizables y manipulables, sometidas a los caprichos de los técnicos de mantenimiento. En Sal, mistress Gladstone pide a Selmo, el hermano del protagonista, que se defina como persona:
“— Supongo que soy bastante normal. Me gusta vivir bien, como a todo el mundo: BMW antes que Audi, Play Station y no Nintendo, champán en lugar de cava, la cocina exótica, algo de gimnasio para estar en forma, liberal en el sexo pero la mujer, mujer, y el hombre, hombre. Y soy madridista, aunque no ejerzo. ¿Qué le parece?
Dejo en el aire esta pregunta, para que la responda el lector.

 

Manuel García Rubio

 

Por qué escribí Sal

 

Dediqué cerca de cuatro años a escribir Sal, en un proceso intenso de trabajo que me ocupó casi todas las tardes de ese periodo, incluidas las de los fines de semana, que siempre hemos dado por no laborables. Aunque yo no soy de los que sufre escribiendo, tampoco puedo afirmar que una tarea de esa índole pueda resultar un mero divertimiento sin apenas consumo de energía. Muy al contrario, supuso para mí un esfuerzo ímprobo de concentración y de perseverancia, y la renuncia a muchas actividades no poco lucrativas e igualmente gratificantes que, seguramente, me habrían otorgado un aspecto bastante más saludable que el que ahora exhibo. Con la escritura del resto de mis novelas me ha ocurrido algo parecido.
No me resulta fácil encontrar la explicación a este aparente dispendio, dónde y cómo nace el propósito de afrontar una faena que se anuncia tan larga y densa como esquiva. Debe de ser un asunto importante, pues la pregunta de por qué uno se dedica a escribir resulta recurrente, sale en casi todas las charlas, entrevistas y ruedas de prensa a las que un escritor se ve felizmente sometido cuando saca a la calle una de sus obras. Desde luego, me ahorro la explicación que desecha el dinero como causa, pues es de conocimiento general que la hora de escritor de libros se paga a menos de la mitad que la de un fakir, por poner un ejemplo descarnado. Más bien, ocurre que este oficio que me ocupa tiene mucho de adictivo. Al igual que sucede en el acto de fumar, acaba siendo muy difícil distinguir entre el placer de escribir y el alivio del síndrome de abstinencia al que el ayuno puede llevarnos. Hace algunos años publiqué un artículo titulado, precisamente, Por qué escribo, en el que vengo a decir que, para mí, sería muy aventurado defender que mi vocación literaria no sea otra cosa que la consecuencia inevitable de la inoculación de un hábito, y precisamente durante mi niñez, cuando más inerme me hallaba. En efecto, mis primeros ejercicios como escritor consistieron en pruebas colegiales o paternas que, casi siempre, terminaban con algún tipo de recompensa, bien en forma de buenas calificaciones o mediante regalos y premios. Recuerdo que, con ocho o nueve años, mi padre me compró un ejemplar de La cabaña del tío Tom, una libreta, un lápiz y una goma. Acordó que, por cada página de la novela que yo transcribiera al cuaderno, me abonaría un determinado precio. No consiguió hacerme millonario pero, desde que descubrí mi capacidad para engordar las hojas de una libreta pautada y en blanco con mi propia letra, no he parado de intentarlo, hasta hoy. Concluyo, pues, que escribo por un vicio que me posee, que no me deja en paz.
Por fortuna para mí, se trata de un vicio que, aunque me consuma, no me destruye. Antes al contrario, me enriquece y, en este sentido, también me hace disfrutar, más allá de la posibilidad cierta de que el placer de escribir provenga del apaciguamiento de un cierto mono literario. En efecto, la escritura me resulta una manera gozosa de conocer el mundo y de vivirlo con ansias de plenitud. En realidad, se trata de una aventura de exploración, que igualmente nació durante mi infancia.
Lo conté en otro sitio, con motivo del homenaje a la imprescindible Conchita Quirós, de la librería Cervantes, de Oviedo, y lo repito aquí. Cuando tenía siete años, nuestra familia se trasladó a vivir al barrio de Pocitos, en Montevideo, para regentar un hotel que ocupaba un edificio contiguo al de una de la sedes de la Democracia Cristiana en la capital uruguaya. Los domingos por la mañana, cuando calculaba que el inmueble vecino estaba vacío de ocupantes, saltaba una pequeña tapia y me adentraba, por la parte trasera, en la biblioteca de inmueble, a la que se accedía sin más que empujando una puerta. Era una sala enorme abarrotada de libros, que contaba con una sección infantil y juvenil bien nutrida, todos sus ejemplares a mi libérrima disposición. Resultará fácil comprender que, para mí, aquel esfuerzo mediano y prohibido de franquear el muro supusiera toda una aventura, recompensada con descubrimientos extraordinarios.
Una de aquellas sorpresas que me deparó mi arrojo fue un cómic en francés titulado La griffe noire, de un autor belga que con el tiempo se hizo muy famoso, Jacques Martin, y del que poco más supe hasta que, muy recientemente, con su amabilidad y erudición características, Luis Alberto de Cuenca me puso al día. Confieso que me lo apropié. Me fascinaban sus imágenes y, sobre todo, el misterio de aquella lengua que desconocía absolutamente. Se me ocurrió que un diccionario bilingüe resolvería el problema. Contaba con el instrumento sin otro esfuerzo que el de volver a saltar la tapia. Obviamente, no me sirvió de nada. Con todo, aquel ingenuo intento de traducción palabra por palabra no resultó frustrante, sino todo lo contrario. Me ayudó a fijarme en la parte castellana del diccionario, que estaba plagada de nuevas y apasionantes sorpresas. Todos deberíamos leer habitual y secuencialmente el diccionario, es decir, como si fuera una novela, comenzando por la primera palabra para, desde ésta, realizar el itinerario completo hasta el final. He aquí un nuevo y precioso camino de exploración, porque cada vocablo extraño que llega a nosotros es como una linterna que se encendiera para iluminar una parte del Universo hasta ese momento oscura y misteriosa.
Adelanto que no es una senda sencilla. Uno puede perderse entre tantos árboles que conforman un bosque abigarrado y sin aparente orden, más que un bosque una selva en la que cada elemento de la vegetación no tiene nada en común con los de al lado, salvo un parecido morfológico en las primeras letras. Yo me encontré en una ocasión con la palabra jamuga, que el diccionario definía como silla de montar a mujeriegas. Tardé años en saber que montar a mujeriegas consiste en cabalgar con las dos piernas colocadas a uno de los lados del caballo. Mientras tanto, los compañeros del instituto en el que estudiaba, a los que confundí con mi calenturienta imaginación, y yo mismo vivimos en la bendita creencia de que una jamuga era una especie de mecedora de prostíbulo. Pero, batacazos al margen, el diccionario me aportó experiencias inolvidables, incluidos esos equívocos que me desconcertaron tanto; me puso ante mundos que ni siquiera sospechaba que pudieran existir, me enseñó palabras como agnosia o agibílibus, que, mucho más tarde, fueron la chispa de algunas de mis novelas, y sembró en mí la inquietud ante lo desconocido, que es fuente necesaria de placer y de todo aprendizaje.
Al final, he llegado a la conclusión de que escribo para ser quien quiero ser, para reconocer el espacio que me rodea y para reconocerme a mí mismo en él; es decir, para arrojar hacia mi interior una mirada que dé un cierto orden al caos en que consiste el continuum del que yo soy una minúscula parte, importante en todo caso, al menos para mí. Pero solo una parte.
Sal es la última pieza de ese proyecto, por el momento, a mi juicio, la más depurada y ambiciosa. Me tocará explicar por qué. Prometo hacerlo en las apostillas que siguen.

Manuel García Rubio

 

Desde Notodo.com han puesto en marcha los Premios Notodo 2009. Parece que Lengua de Trapo tiene posibilidades, puesto que somos candidatos a los premios con los siguientes títulos:

La feria del crimen, VVAA

La pella, de José Ángel Mañas

Elegías a Dios y al Diablo, de Samuel Solleiro

Pudor y dignidad, de Dag Solstad

Las botellas del señor Klein, de Oscar Calavia

 

El público, podrá votar lo mejor de este año. ¿El criterio? La calidad, la innovación y riesgo.

Y entonces es cuando pedimos vuestra ayuda,

pinchando en este link,Premio NOTODO

ya en la página web de NOTODO.COM, solamente tendréis que seguir las instrucciones que estos simpáticos muchachos tanto han trabajado.

¿Y qué ganáis vosotros haciendo esto? No digáis que la respuesta no es atrctiva: una cesta de navidad entre las votaciones que acierten los que luego resulten ganadores

Muchas gracias por vuestra ayuda!!

El equipo de LdT

 

 

 

 

 

En Lengua de Trapo estamos convencidos de que la última novela de Manuel García Rubio estará entre las mejores del año. Podréis llamarnos exagerados, pero no diréis que no tenemos razón. Ya nos la daréis. En unos días a la venta en librerías en toda España.

 

Sal

UNA NOVELA FUNDAMENTAL

Urbano Expósito, guionista inédito, quisiera estar seguro de querer lo que quiere. Tino, en cambio, tiene claro que quiere lo que quiere. Selmo, en fin, quiere que lo quieran. Vidas diferentes, cada una apunta un recorrido propio, que Urbano, ahora aprendiz de novelista, pretende contar, aunque con un estilo ingenuo y torpe, plagado de recursos cinéfilos. Para entonces, sin embargo, habrá irrumpido en la historia la señora Gladstone, y la narración se encauza, se transforma, se convierte en algo nuevo, inesperado y, a la postre, misterioso; pero también terrible. Sal no deja de sorprender desde la primera línea y hasta el final, donde se encuentra la luz que lo ilumina todo. Bastará leer un par de páginas al azar para advertir una prosa rica y distinta, pero en esta novela hay muchas cosas más: personajes de carne y hueso, historias formidables, reflexión y metaliteratura, y, sobre todo, una mirada tierna y desconsolada sobre el ser humano en estos tiempos que algún filósofo calificó de líquidos

 

Pote Huerta, director editorial de Lengua de Trapo realiza esta entrevista a Cristina Cerrada, que con la novela La mujer calva ha resultado ganadora del XIV Premio de Narrativa Lengua de Trapo

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La mujer calva

LA CONFIRMACIÓN DE UNA GRAN NOVELISTA

La mujer calva es una historia sencilla, en absoluto simple, que comienza cuando Lailja, una mujer divorciada, tiene que instalar en su casa a su madre enferma. Reaparecen entonces, en forma de vívidas imágenes, los recuerdos solapados y contradictorios que alimentan sus mentiras de siempre. Sin embargo, ya no queda ni aquel equilibrio inestable sobre el que había construido su vida: en esta ocasión no puede permanecer pasiva, tiene que tomar decisiones, completar un giro que la reconcilie consigo misma. Acertadamente considerada por la crítica como una de las narradoras más interesantes del panorama actual, Cristina Cerrada penetra en esta historia de argumento sutil con una agudeza e intuición sorprendentes; con un manejo de la información y de las imágenes con el que logra una novela que puede considerarse, sin lugar a dudas, redonda.

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Atiq Rahimi ha ganado el prestigioso Premio Goncourt por su cuarta novela, Syngué sabour. Pierre de patience (Syngué sabour. Piedra y paciencia, editorial P.O.L), la primera escrita directamente en francés.

Para todos los que no hayáis tenido la oportunidad de disfrutar con este maravilloso autor, os invitamos a leer Tierra y Cenizas, (Colección Otras Lenguas,4) traducida del iraní por Lengua de Trapo

Tierra y cenizas

Una trágica y conmovedora historia sobre la guerra afgano-soviética

Un río seco atraviesa el paisaje grandioso y desolado. Un camino se pierde en el horizonte. La caseta de un guardabarrera. Un tendero que piensa en el universo. Un viejo, un niño. La espera. Estamos al norte de Afganistán, durante la guerra con la Unión Soviética. Un viejo llamado Dastguir se dirige con su nieto a una mina de carbón, para comunicar a su hijo que los soviéticos han arrasado la aldea, que todos han muerto bajo el bombardeo, que el niño se ha quedado sordo. Dastguir habla, recorre el infierno de los recuerdos, las esperas, los remordimientos, las conjeturas, las sospechas, el silencio... Dicen en Afganistán que los hombres nunca lloran, pero el viejo dejará que su dolor fluya y las lágrimas caigan sobre su pecho. Tierra y cenizas, dos palabras que son también dos colores minerales y severos, dos palabras que son también materia, polvo, sustancias inmateriales, impenetrables. Eso es todo lo que queda de Afganistán, un país que encantó a los viajeros y los escritores. El silencio y la lentitud desbordan con gravedad estas páginas.

 

 

Lisa y Birgitte

Una intriga psicológica que encierra un drama social.

Lisa y Birgitte son dos amigas de la infancia separadas por vidas opuestas. Mientras Lisa es pastora protestante en un pequeño pueblo costero, Birgitte vive en Copenhague y se dedica a la escritura. Tras poner fin a una relación tempestuosa con un hombre casado, Birgitte decide pasar unos días junto a su amiga, buscando algo de consuelo y tranquilidad.
Sin embargo, a los pocos días, Gustav, el hijo de Lisa, es atropellado por un conductor que se da a la fuga, y una semana después fallece. Su existencia, marcada por la fortaleza de sus creencias y el sentido de pertenencia a la comunidad, se desmorona, y Lisa se obsesiona por encontrar al culpable: sin absolución no habrá paz. Birgitte, testigo del derrumbe de Lisa, intenta ayudarla, pero poco a poco descubre que los motivos de su amiga para entregarse a los demás no eran tan puros como creía.
Este inquietante thriller psicológico describe con precisión el retrato de dos mujeres: ¿quién soporta la mayor aflicción, alguien que pierde a su hijo o el que es incapaz de estar cerca de otros seres humanos?

Una historia de deseo inconformista.
El erotismo como fuente de conocimiento del otro.

La narradora de esta sorprendente novela describe, con una voz abrumadoramente personal pero reconocible al mismo tiempo, el momento pleno de la felicidad, el cenit sentimental, irrepetible, inaprensible, de una pareja en estado puro. Y lo hace entrando de lleno en la espiral contradictoria e inevitable que funde amor y violencia, posesión y destrucción, deseo y urgencia. «La belleza será convulsiva, o no será» (André Breton).

Tú, mi tú

 

Los libros se presentaron en el Círculo de Bellas Artes los días 5 y 6 de noviembre en el marco de los encuentros sobre literatura danesa.

LdT quiere agradecer las inteligentes y apropiadas reflexiones tanto de Eva Orúe como de Félix Romeo. Además nos felicitamos por la buena propuesta de la Embajada Danesa y la gran organización del Círculo de Bellas Artes.

Silencios

SILENCIOS, NOVELA GANADORA DEL V PREMIO DE NARRATIVA LENGUA DE TRAPO, AGOTA LA PRIMERA EDICIÓN

Silencios narra la toma de conciencia de una joven que, en el paso de la infancia a la madurez, va descubriendo las mentiras que sostienen —aunque precariamente— la convivencia de los familiares con los que vive. Esta evolución personal, marcada por el hallazgo del sexo, la amistad, el amor y el dolor, aleja gradualmente a la protagonista de su familia y la lleva a refugiarse en el aislamiento y el silencio.
Narrada con un lenguaje lúcido y directo, cuya enorme capacidad de seducción radica fundamentalmente en su expresividad y concisión, Silencios se convierte en punto de partida para un revelador retrato de la historia y la sociedad cubana de la actualidad.

 

 

 

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Abril

ABRIL, LA ÚLTIMA NOVELA DE CARLOS EUGENIO LÓPEZ , EN LENGUA DE TRAPO TV

 

Estamos de cine

 

celda 211

83


En Lengua de Trapo estamos muy ilusionados, como siempre que una de nuestras obras es llevada al cine. Estos días se está rodando en Zamora la adaptación de Celda 211 (Lengua de Trapo, NB 83), de Francisco Pérez Gandul producida por Vaca films y dirigida por Daniel Monzón (director, entre otras, de El robo más grande jamás contado y La caja Kovak), Él mismo ha adaptado la novela de Pérez Gandul y escrito el guión junto a Jorge Guerricaechevarría, conocido por guiones como el de Carne trémula. El rodaje comenzó hace ya unas semanas y se prolongará hasta mediados de octubre, en Zamora, y cuenta en su reparto, entre otros, con Luis Tosar, Antonio Resines, Carlos Bardem y Marta Etura. A decir de los que saben, y han husmeado por el set, la adaptación tiene muy buena pinta. La novela de Francisco Pérez Gandul es un thriller carcelario de ritmo trepidante y giros sorpresivos. Estamos seguros de que este material en manos de Daniel Monzón solo puede culminar en una gran película. Ánimo a todo el equipo.

Estamos a la espera del final del rodaje. Seguiremos informando.

 

Asímismo, el director finlandés Miika Soini, ha presentado en la sección Zabaltegui de la edición del Festival de Cine de San Sebastián de este año, la película Thomas, basada en el libro de relatos de Kjell Askildsen, Últimas notas de Thomas F. para la humanidad (Colección Otras Lenguas, 20). Askildsen es quizá el autor noruego más importante vivo y uno de nuestros autores más celebrados por la crítica y el público

Aquí tenemos una reseña de prensa y un breve video como aperitivo a lo que será la película que esperamos impacientemente

 

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Con pausa y con metódica precisión, esta entrañable propuesta retrata el crepúsculo otoñal de un anciano que reduce su microcosmo vital a un paseo rutinario que culmina en una partida de ajedrez inacabada contra sigo mismo. . Atrincherado en su sótano, Thomas comparte espacio con sus fantasmas del pasado;aquellos que le asaltan en la soledad de su encierro personal.El cine se encarga de mostrarnos

las vidas que se ocultan tras el paso cansino de esa sombra entre la multitud. Miika Soini dota al anciano protagonista de una dignidad abrumadora. El anónimo caminante recupera un protagonismo esencial que se traduce en la conducta mecánica de una existencia de la que iremos conociendo aquel capítulo relevante de su vida que dota de coherencia el por qué de su vagar errante. La muerte adquiere una presencia primordial, habitado por sombras y luces emocionales. Cada movimiento en el tablero de ajedrez tiene su propia lógica y tiene mucho que ver con el peso de los recuerdos y un pasado doloroso. La vida y sus caprichosos recovecos hacen acto de presencia en cada plano de este filme que nunca quiere ser drama porque rebosa una singular vitalidad gracias a la poderosa presencia del actor Lasse Pöysti que dota de gran sensibilidad a su personaje. Un banco compartido y un par de frases cruzadas con otro anciano anónimo bastan y sobran para dotar de coherencia a una historia rabiosamente humana y en la cual los silencios no son un recurso simbólico sino un código vital coherente.

Koldo Landuze, Gara

 

 

 

FALLO DEL XIV PREMIO LENGUA DE TRAPO DE NOVELA

 

Madrid, 24 de septiembre de 2008

Cristina Cerrada ganadora
del XIV Premio Lengua de Trapo de Novela

El pasado 23 de septiembre de 2008, un jurado compuesto por los escritores Marta Rivera de la Cruz, Martín Casariego, Ramón Pernas, Fernando Royuela, y el editor José Huerta resolvió por unanimidad otorgar el XIV Premio Lengua de Trapo de Novela a la obra La mujer calva cuya autora es Cristina Cerrada, que concurrió con el mismo título y bajo el seudónimo de Sarraute.

Al XIV Premio Lengua de Trapo de Novela han concurrido 512 manuscritos, 378 de ellos procedentes de España, 64 de Argentina, 5 de México, 11 de Cuba, 7 de Colombia, 4 de Venezuela, 6 de Perú, 6 de Estados Unidos y los demás procedentes del resto de Europa y Latinoamérica.
El Premio tiene una dotación de 5.000 euros y la obra ganadora será publicada por Lengua de Trapo durante el próximo mes de noviembre.

Los miembros del jurado han declarado sobre La mujer calva de Cristina Cerrada :

«Una novela inquietante y sugerente» Martín Casariego

«Se reconcilia con su pasado narrativo, se reconcilia con lo mejor de su narrativa»Ramón Pernas

«La coherencia literaria, la verosimilitud ética y la honestidad narrativa» Fernado Royuela

«Como en sus trabajos anteriores, los personajes de Cristina Cerrada se mueven en un ámbito de seguridad e intimidad, el hogareño, el lugar de refugio y sin embargo - o por eso mismo-, se hallan extraños a él. Van dando tumbos y en su deambular nos ofrecen un espectáculo irresistible y angustioso a la vez. Como si colocásemos un microscopio sobre la cotidianidad, divisamos gente que está en su lugar, fuera de lugar.

Admiro la inteligencia y lucidez de Cristina Cerrada. Posee la maestría técnica y la profundidad de miras necesaria para que su literatura pueda catalogarse sin miramientos como obra de arte» José Huerta


Nuestro Premio

Cuando Pote Huerta, director editorial de Lengua de Trapo, se propuso la creación de un galardón sabía que este debía funcionar como una declaración de principios del sello. Así, desde su primera edición en 1995, el jurado, compuesto siempre por figuras acreditadas de la edición y la creación, ha asumido que la obra ganadora debe aunar calidad literaria, originalidad y ciertas dosis de irreverencia. Para satisfacción de la editorial, el reconocimiento de la crítica y el interés de los lectores han hecho que la mayoría de los autores ganadores del Premio Lengua de Trapo hayan comenzado, o consolidado, una brillante trayectoria literaria.

1995 Picatostes y otros testos, Borja Delclaux.
1996 Breve historia de la inmortalidad, Antonio Álamo.
1997 El orador cautivo, Carlos Eugenio López.
1998 Tornados, Jesús Torrecilla.
1999 Ex aequo: La piel de Inesa, Ronaldo Menéndez
*****y Silencios, Karla Suárez.
2000 (Desierto).
2001 El guerrero del crepúsculo, Hugo Burel.
2002 La obra literaria de Mario Valdini, Sergio Gómez.
2003 Grillo, José Machado.
2004 Casi inocentes, Pedro Ugarte.
2005 Caja negra, Pablo Sánchez.
2006 El disparatado círculo de los pájaros borrachos,
*****Juan Aparicio-Belmonte.
2007 La lavandera, Pepe Monteserín.
2008 La mujer calva, Cristina Cerrada.


Cristina Cerrada
La mujer calva

Una mujer de novela.

Atesora Cristina Cerrada un merecido prestigio como narradora. La mujer calva, obra con la que ha ganado el XIV Premio Lengua de Trapo de Novela, es su tercera novela. Con una técnica exquisita y un perfecto conocimiento del género, es el tratamiento de los motivos que pueblan sus historias lo que ha hecho que la crítica y un público selecto celebren su trabajo. Una emotiva geografía doméstica, la soledad en el seno de la pareja, el compromiso o el flaqueo del mismo, personajes que asoman tras una rutina agobiante, pesada, sin poder escapar de una marginalidad sentimental, quizá melancólica, pues como ella misma dice: «Un escritor —uno que lo sea de verdad—, adquiere un compromiso, aunque sólo sea consigo mismo. Se tarda mucho y es doloroso, hay que identificar fantasmas, obsesiones, transitar paraísos, lagunas negras, encrucijadas, hasta encontrar aquello que se tiene que decir». Con todo, es una autora todavía por descubrir para la mayoría de los lectores.
La mujer calva es una historia sencilla, en absoluto simple, en la que Lailja, la protagonista, tiene que instalar en su casa, tras la muerte de su padre, a su madre enferma. En su vida se actualizarán los recuerdos, solapados, contradictorios, que alimentan sus mentiras de siempre. Pero ella no puede permanecer pasiva, tiene que decidir, completar un giro que la reconcilie consigo misma; ya no queda ni aquel equilibrio inestable sobre el que había construido su vida.

Cristina Cerrada

Cristina Cerrada (Madrid, 1970) es licenciada en Sociología y coordina varios cursos de narrativa corta y novela. En los últimos años ha obtenido el premio de novela Ateneo Joven de Sevilla por Calor de Hogar, S.A.; el premio Casa de América (otorgado por un jurado formado por Clara Sánchez, Jorge Volpi y Héctor Abad Faciolince), el premio Caja Madrid (en cuyo jurado se encontraban Soledad Puértolas, Julio Llamazares, Javier Reverte y Juan Manuel de Prada), el premio NH al mejor cuento (con Espido Freire, José María Guelbenzu y Gustavo Marín Garzo en el jurado). Sus relatos han sido incluidos en diversas compilaciones, entre las que destacan Todo un placer. Antología de relatos eróticos femeninos (2005) realizada por Elena Medel, Antología de cuentistas madrileñas (2006) y Contar las olas. Trece cuentos para bañistas (2006) publicado en Lengua de Trapo. Lengua de Trapo también ha publicado sus libros de cuentos Noctámbulos, en 2003, Compañía en 2004 y en el año 2007 la novela Alianzas duraderas

 
PP  

 

 

 

¡Estrenamos un canal en Youtube!

Lengua de Trapo se lanza al mundo audivisual, donde podéis encontraros cara a cara con nuestros autores, sus puntos de vista o sus obras …

Podéis entrar pinchando aquí.

Esperamos tus comentarios!

 

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El árbol paraíso

TATAMI, LA ÚLTIMA NOVELA DE ALBERTO OLMOS, EN LENGUA DE TRAPO TV

 


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El árbol paraíso

EL ÁRBOL PARAÍSO, ÚLTIMO LIBRO DE CARLO FRABETTI FORMA UNA TRILOGÍA CON EL CUARTO PURGATORIO ANTERIORMENTE PUBLICADO POR LENGUA DE TRAPO Y CON EL LIBRO INFIERNO, REEDITADO AHORA TAMBIÉN POR LENGUA DE TRAPO


 

La pella

JOSÉ ÁNGEL MAÑAS NOS LEE EL PRIMER CAPÍTULO DE SU NUEVA NOVELA, LA PELLA, PUBLICADA POR LENGUA DE TRAPO Y QUE ESTARÁ A LA VENTA A PARTIR DEL 20 DE MAYO

 


 

 

 

 

Río Quibú
la última novela del escritor Ronaldo Menéndez

 

 

 

 


 

 

 

 

Tienda virtual LdT:
sacamos nuestro fondo de armario

 

En una época en la que los libros apenas duran unas semanas
en las mesas de novedades para luego desaparecer fagocitados por un sistema que siempre busca lo último, Lengua de Trapo quiere ofrecer a sus lectores la posibilidad de acceder de una forma sencilla a los libros de nuestro fondo editorial.
Tener los primeros libros de Rafael Reig, Elia Barceló, Carlos Eugenio López o Kjell Askildsen nunca ha sido tan fácil como ahora que abrimos por fin nuestra Tienda Virtual:
pasen y lean.

 

http://www.lenguadetrapo.com/tienda.php

 

 


 

 


 

 

 

Joaquín Rodríguez responde al Test de Trapo y a algunas preguntas sobre su primer libro de cuentos Las mujeres que vuelan

Mis proyectos: «seguir escondido, con las ventanas cerradas al exterior, escribiendo»

 

Las mujeres que vuelan (NB131)

Sobre el cuento
«Un puñetazo en el estómago, un breve deslumbramiento, una invitación a repensarte, a repensar tu entorno».

Mi obra anterior
«Sociología, en estado puro, infinitamente más fácil de escribir que un relato o una novela. En los libros de pensamiento se puede navegar con mapas; en la literatura apenas existen rastros sobre la arena».

Mi vida
«Originalmente el libro se titulaba “Escritos a escondidas” porque tuve que esconderme simultáneamente de las agresiones de mi entorno laboral; de la dulce tiranía de mi familia; de la vida cotidiana y el medio en general, por pudor, por la vergüenza de enseñar lo que se escribe».

Mi visión de la literatura
«Escribir es, para mí, una forma de liberación, una posibilidad de libertad, un soporte para la existencia. Por extensión, la  literatura es todo eso y más: un espacio de libertad inagotable, una fuente de sentido ilimitada».

Mis proyectos
«Literariamente hablando, seguir escondido, con las ventanas cerradas al exterior, escribiendo, hasta que considere que el trabajo ha alcanzado el punto de madurez necesario. Personalmente, seguir la máxima indispensable que Séneca dio a Lucilo: reivindicar para mí la posesión de mí mismo. Profesionalmente, llegar a ese estado de felicidad en el que vida y trabajo se confunden dichosamente».

***

«Mis cuentos son cuentos de ideas»

 

¿Por qué tu primera incursión en narrativa de ficción se circunscribe al cuento? ¿Qué consideras que te aporta este género para explorar eso que llámanos realidad?
Los cuentos deben ser un puñetazo en el estómago, ganar por K.O., como proponía Cortázar, llevando las paradojas hasta su consumación, intentando mostrar el envés de la realidad, lo que se esconde en las evidencias cotidianas. El cuento es estructuralmente más sencillo que la novela, el camino es más corto, las situaciones y los personajes más controlables, y a veces esa economía de medios sirve para resaltar más claramente lo que el autor pretende mostrar.

Tus cuentos, aunque «realistas» en gran medida, poseen elementos que rozan el absurdo. ¿Piensas, como suele decirse, que la realidad puede superar a la ficción muchas veces en cuanto a su falta de coherencia?
La literatura está echa de mentiras, eso es ya un lugar común, o de verdades trituradas y tamizadas literariamente que no serían creíbles si se expresaran directa y llanamente. Mis cuentos están basados, muchas veces, en una mezcla de materiales reales, históricamente documentables, pero mezclados y entrelazados con elementos de mi imaginación para expresar la idea que sostiene la narración. Mis cuentos son, creo, cuentos de ideas, aunque eso lo pienso más ahora que cuando los escribí, y los materiales narrativos, reales o no, están puestos al servicio de la resolución de un enigma o una paradoja intelectual.

¿Cómo conjugas tu trabajo como profesional del mundo editorial, con tu vocación de escritor de ficción?
En realidad vivo el proceso creativo como si no supiera nada de edición. Es curioso, pero cuando me enfrento a mis editores, es como si no tuviera relación profesional alguna con los libros, porque la escritura es en realidad una actividad completamente diferente a la publicación.

Háblanos un poco de tu próximo libro que será una novela: ¿tus temas tienen puntos en común con alguno de estos cuentos? ¿Por qué ahora novela y no continuar con el género corto?
En realidad tengo un libro entero de relatos acabado, pero lo dejaré dormir en el limbo de los justos una temporada. Quiero enfrentarme al reto de una novela, que requiere una capacidad de planeamiento de la estructura mucho más compleja que el cuento. Y me parece que en cuanto a los temas de fondo no soy nada original: el amor, la muerte, la traición, el perdón, el reencuentro, el restañamiento de las heridas del pasado, la precaria posibilidad de la felicidad...

 

***

 

 

 


 

 

José Luis Sánchez-Silva nos habla de la nueva narrativa negra francesa

 

Desde Francia con amor:
La feria del crimen

La feria del crimen (OL38)

Comencemos por trazar una imprescindible frontera, pues el lector suele confundir el género negro con la literatura policial…
No es extraño que el lector experimente cierta confusión, pues la terminología dista mucho de ser clara. En principio, la “novela negra” es un subgénero de lo que, por extensión, llamamos “literatura policiaca”, término algo contradictorio importado de Francia, donde se impuso gracias al peso de figuras como Vidocq, el inspector Lecoq y el comisario Maigret, todos ellos funcionarios policiales. Esta denominación genérica, encierra una paradoja, pues en la mayoría de los casos (sobre todo en los procedentes de la tradición anglosajona) no aparecen policías o estos son meros comparsas de un detective privado que no dudará en dejarlos en evidencia.

A grandes rasgos, podríamos decir que las literaturas “policiacas” son herederas de Poe y Conan Doyle, que inauguran lo que en el contexto anglosajón se denomina detective fiction, pues sus protagonistas son investigadores privados (muchas veces aficionados). En los años 20 esta herencia, más o menos lejana, se divide en dos ramas principales: el whodunnit o “novela enigma” [Agatha Christie, Ellery Queen y sus variopintas descendencias] y el hard-boiled norteamericano o “novela negra” [Dashiell Hammett, Raymond Chandler…]. A partir de los años 40 y 50, surgen una serie de variantes que aunque, naturalmente, enriquecen el género, no contribuyen precisamente a aclarar nuestro problema.


¿Cuáles serían los rasgos esenciales que separan al cuento policial de la llamada serie negra?

El término “novela negra” surge en Francia, tras la creación en 1945 de la colección Série Noire, en la que aparecen casi todos los grandes nombres del hard-boiled norteamericano. Estos autores habían irrumpido en un panorama dominado por la literatura detectivesca clásica, que no pretendía ser otra cosa que un mero divertimento, con unas narraciones de corte realista y grandes dosis de violencia y crítica social. Esos fueron los rasgos que distanciaron a Dashiell Hammett [por citar sólo al autor de la primera obra maestra del subgénero] de la mencionada literatura, que estaba en plena edad de oro. No se puede decir que el realismo fuese la prioridad de Agatha Christie, por ejemplo, y, desde luego, la violencia, la crítica social o el lenguaje descarnado de Hammett no tenían cabida en una “escuela” dominada por las convenciones y lo “políticamente correcto”. Tras la etiqueta “novela negra” se escondía además la intención de sus primeros impulsores en Francia de desmarcarse de los émulos de Christie, reivindicando un estatus de literatura con mayúsculas que le negaban a estos.
Eso en lo que se refiere a los clásicos. En nuestros días, las fronteras son mucho más difusas, no sólo por la eclosión de vertientes y temáticas a la que me refería antes, sino por los continuos cruces entre unas y otras y el mestizaje con otros géneros [misterio, anticipación, etc.]. Los debates sobre la adscripción de uno u otro escritor a uno u otro subgénero (a los que, por cierto, son bastante aficionados los frikis franceses) suelen ser tan agotadores como inútiles. En general, podríamos decir que las historias policiales de corte clásico siguen poniendo el acento en la propia mecánica de la investigación, que es la que hace avanzar la trama. Por otra parte, y parafraseando a Manchette, en ellas lo que importa es detener al culpable y apartarlo del campo social para restaurar la ley y el orden, perturbados por el delito. En la novela negra, la ley y el orden están bajo sospecha, y los culpables no siempre son los que aprietan el gatillo. Sus protagonistas, que no tienen por qué ser profesionales del crimen (pero pueden serlo, y estar a uno u otro lado de la ley), no tienen nada que ver con los superpolicías al uso; de hecho, son verdaderos antihéroes y casi siempre están de vuelta de todo.

¿Los cuentos aquí reunidos pertenecen exclusivamente a la serie negra, o hay un poco de ambos?

Creo que en el prólogo utilizo alguna vez la expresión “negro-criminal” para calificar estos cuentos. En principio, se trata de una antología de autores del género negro. No obstante, como decía hace un momento, si algo caracteriza a este género en nuestros días es la variedad y el mestizaje, y eso se refleja en la selección. Algunos de los cuentos son de una factura más clásica, como el de Raynal, que recurre al tópico del detective privado a la americana, o el de Vargas, que no deja de ser una especie de police procedural a la francesa. Otros se apartan de los moldes del género, como el de Leroy, que coquetea con la ciencia ficción, o lo parodian, como los de Benacquista y Manchette, ambos excelentes. Sin olvidar otros casos, como el del cuento de Jonquet, que también podría formar parte de una selección de relatos de humor negro, etcétera.

¿Consideras que los relatos aquí reunidos aportan nuevos tópicos, un modo diferente en el tratamiento de los temas o en el diseño de los personajes? ¿Cuánto hay de novedoso en este conjunto de relatos, o siguen las líneas tradicionales de la serie negra?

Los tópicos mayores de la novela negra quedan fijados desde una fecha temprana. La publicación de Cosecha roja en Estados Unidos data de 1929 (aunque había aparecido por entregas un par de años antes) y en Francia aparece en los años 30. Entre los 20 y los 50 surgen todos los personajes prototípicos. Tras la Segunda Guerra Mundial, un puñado de escritores franceses, que han asimilado la lección de Hammett, Chandler y sus compañeros de filas, adaptan esos tópicos a su propia realidad. No obstante, habrá que esperar hasta los años 70, con Manchette y compañía, para que pueda hablarse de una verdadera eclosión de la novela negra gala. Por otra parte, hay que tener en cuenta que estos autores tienen una base cultural diferente. Si en los pioneros norteamericanos se dejaba sentir la influencia de la generación perdida y el behaviorismo, los franceses se desenvuelven en un contexto intelectual en el que el existencialismo, el estructuralismo, el situacionismo, el teatro del absurdo…, han calado profundamente. Pero, sobre todo, estamos en plena resaca del Mayo del 68, y muchos de estos escritores, desencantados, encuentran en la novela negra un medio para expresar su inconformismo. Manchette, Daeninckx, Manotti, etc., van a lanzarse a una verdadera labor de zapa de la ideología dominante, desvelando pasajes ignorados o falseados por la historia oficial. Digamos que combinando los métodos del historiador y del reportero con los propios, estos novelistas llegan donde el reportero y el historiador no pueden. Salvando las distancias, ese era también el método de Émile Zola, por ejemplo. Yo estudié Historia Contemporánea y entonces Germinal formaba parte de nuestra bibliografía. Pues bien, paradójicamente, Asesinatos archivados, que narra la investigación de un asesinato con la matanza de 200 manifestantes argelinos a manos de la policía parisina como trasfondo, y tuvo mucho que ver con el clima de opinión que desembocó en el proceso contra Maurice Papon (jefe de aquella policía), es hoy lectura recomendada en muchos institutos franceses. ¡Una novela negra!
Así que, volviendo a tu pregunta, más que aportar nuevos tópicos, lo que hacen los franceses es introducir algunas temáticas paralelas, como las relacionadas con la guerra, el terrorismo, los crímenes de Estado, etc. En cuanto a los personajes, tal vez tiendan a ser menos individualistas que los americanos y a tener un trasfondo psicológico y “filosófico” más denso, pero esto es discutible.

El género negro francés es mal conocido en nuestro país, lectores de la novela negra  norteamericana pueden tener ciertas reservas hacia él…

Es verdad que algunos fans de la novela negra norteamericana suelen tener ciertos prejuicios hacia la francesa. De hecho, ahora que estamos en pleno boom de las literaturas policiales y nos llegan autores de los rincones más insospechados, hay quien los hace extensivos a todos los no norteamericanos, a los que consideran meras imitaciones o localismos. Pero no creo que sea una actitud generalizada. Evidentemente, la fuente común es la novela negra estadounidense clásica, y todos los autores actuales, ya sean latinoamericanos, chinos o yanquis, beben de ella y cargan con el peso de tamaño legado. A partir de ahí, y de la propia tradición literaria, cada uno de ellos elaborará una obra que, en los mejores casos, será un verdadero espejo de su sociedad, como fueron las de los hard-boiled, y nos ofrecerá algo más que puro entretenimiento. En ese sentido, la aportación de Sciascia, Dürrenmatt, Scerbanenco, Manchette, Daeninckx, Lucarelli o Nesbo, por ejemplo, no tiene nada que envidiar a la de la mayoría de sus colegas del otro lado del Atlántico. En cuanto a la acusación de localista, la verdad, no veo por qué seguir las evoluciones del investigador de turno mientras se desayuna unos bagels de Kossar’s antes de acercarse hasta el Meatpacking District para apretarle las clavijas a un traficante de crak tendría que ser más interesante que hacer lo propio con uno que se zampa unas paupiettes en un bistrot de Pigalle y lee L’Équipe mientras espera a un confidente, filias y fobias gastronómicas aparte, naturalmente.
A quienes tengan dudas sobre la salud del género en Francia, les recomendaría la lectura de Cuerpo a tierra (Manchette), Asesinatos archivados (Daeninckx) y Sendero sombrío (Manotti), todos disponibles en castellano…, o de La feria del crimen, por supuesto.

¿Cuáles han sido los criterios de selección de los autores? ¿Podríamos decir que se trata de una muestra representativa de la producción de género negro en Francia?
La feria del crimen pretende reflejar la gran diversidad de temáticas y vertientes del género negro-criminal francés entre finales de los años 70 y la actualidad, periodo que se corresponde con la renovación emprendida por Jean-Patrick Manchette y prolongada por, digámoslo así, las dos “generaciones” de escritores posteriores. La intención era que el lector español tuviese una buena panorámica de lo que en Francia llaman néo-polar, en su vertiente más “negra”. Con estas premisas, la selección tenía que ser lo más amplia posible. Por otra parte, la vaguedad de las fronteras entre géneros y subgéneros a la que nos referíamos antes nos autorizaba a incluir, atendiendo a criterios editoriales, a algunos autores cuya adscripción al género negro parecería discutible, pero sin los que el paisaje quedaría incompleto. Así que creo que, para bien o para mal, la representatividad de la muestra es absoluta.


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Recursos Humanos a la gran pantalla

 

La novela Recursos Humanos del colombiano Antonio García Ángel será llevada al cine. Esta novela contó con la asesoría literaria del escritor Mario Vargas Llosa, escogido por la Iniciativa Atística Rolex para Mentores y Discípulos. El diario colombiano El Tiempo informó que la distribuidora independiente Babilla Cine se ha lanzado a producirla y el proyecto tiene buenos augurios. El Festival de Cine de Guadalajara lo escogió para participar en el III Encuentro Iberoamericano de Coproducción Cinematográfica que se llevó a cabo del 23 al 29 de marzo. El film se estrenará en el 2008.

 

 


 


 

La Metafísica y el mono de Carlos Eugenio López:

 

«MI IRONÍA NO ES SINO UN DESESPERADO
MECANISMO DE AUTODEFENSA»

 

La Metafísica y el mono

¿Por qué la historia que cuenta La Metafísica y el mono se desarrolla en la Grecia del siglo XIX? ¿Qué elementos aporta este contexto y circunstancia susceptibles de ser actualizados o entendidos como contrapunto de nuestros conflictos de hoy?
La verdad es que tuve mis dudas a la hora de situar la acción, no tanto en el tiempo pero sí en el espacio. En un primer momento pensé en la España de la invasión napoleónica. Pero al final acabé concluyendo que la Grecia de la revuelta contra la ocupación turca resultaba un soporte más adecuado. Aunque de modo muy vago, yo tenía en mente construir un híbrido de parodia de la epopeya homérica, burla de la novela histórica y homenaje a la picaresca y al cuento moral del dieciocho.

Y a esos fines, la Grecia de comienzos del diecinueve y, en especial la remota región del Mani, me pareció un paisaje muy útil, por cuanto combina una serie de confusas memorias clásica, una atmósfera de conflicto entre oriente y occidente (que me interesaba destacar y no encontraba en España) y una ingenua fe en el progreso que se rompe las narices a diario al chocar contra la realidad cotidiana.

Toda tu obra muestra «marcas» del autor atravesadas por una deliciosa ironía ¿Es la ironía una manera «saludable» (o no) de ver el mundo? ¿Por qué?
«Saludable» es mucho decir. Yo lo rebajaría a «terapéutica». Mi ironía no es una opción voluntariamente asumida, sino un desesperado mecanismo de autodefensa. Tal y como está el mundo (en realidad, tal y como es el mundo, porque el mundo ha estado siempre poco más o menos), la pregunta más habitual que me planteo al levantarme es: «Me tiro a un barranco o me lo tomo a guasa». Y, qué se le va a hacer, no soy un héroe.

La trama de La Metafísica y el mono, además de manejar el absurdo de las situaciones, llega incluso a «lo esperpéntico», ¿Se trata simplemente de un gesto lúdico, o encierra alguna intención simbólica o metafórica?
Las dos cosas. To